Carlos Andrés Pérez ha muerto. La noticia me causa tristeza, a pesar de que nunca voté por él.
Me entristece su muerte porque, entre otras cosas, CAP fue injustamente depuesto y aquellos que me conocen saben que no soporto las injusticias. La acusación contra Carlos Andrés Pérez fue el producto del complot de unos pocos que, aprovechando pescar en río revuelto quisieron, algunos, saldar viejas cuentas y, otros, sacarlo del camino para reconquistar el poder. Hábilmente utilizaron los medios de la vieja oligarquía intelectual para exhacerbar y manipular a la opinión pública y luego a la Fiscalía y a la Corte Suprema de Justicia, en lo que sería un juicio netamente político que le abriría el camino a Hugo Chávez Frías y al descalabro de la institucionalidad en Venezuela.
Irónicamente, sus palabras y sus actos al conocer el veredicto representaron el mayor acto de respeto institucional que haya tenido Presidente alguno en los años de democracia.
“Hubiera preferido la otra muerte” son las palabras del hombre que sabe que su vida política ha concluido, que ha sido juzgado injustamente, pero que se resigna y sobre todo acepta el veredicto de la institucionalidad.
Qué diferente de las palabras de Chávez que llamará “Victoria de mierda” a la primera victoria opositora en su mandato!
Muchos han equiparado a Hugo Chávez con Carlos Andrés Pérez. Nada más alejado de la realidad. Si bien ambos eran ambiciosos, carismáticos, populistas, Pérez transmitía un deseo sincero de ver al país en el rango del Primer Mundo. No así Chávez, cuyo único deseo es quedarse eternamente en el poder, así sea hundiendo al país.
Tanto Chávez como Carlos Andrés Pérez tuvieron en sus manos la gran oportunidad del maná petrolero. Carlos Andrés, a pesar de todos los desaciertos de la Venezuela Saudita respondió con la Nacionalización petrolera de verdad verdad, la creación de grandes empresas del estado para llevar al país a la autosuficiencia tecnológica, la educación masiva de miles de estudiantes Venezolanos en las mejores Universidades del mundo, la importación de profesores de primera calidad en Ciencia y Tecnología para elevarle el nivel de educación e investigación a nuestras Universidades. Pérez creía en desarrollar e importar talento para sembrarlo y eventualmente subirle el nivel a todos los venezolanos. Contrariamente a Chávez, quien le tiene miedo al talento y utiliza su poder para desbaratarlo, desconocerlo, descorazonarlo, expatriarlo, deshacer todo lo que se hizo y nivelar por lo más bajo que esté a su alcance. Si bien los recursos de la bonanza petrolera de CAP no fueron utilizados optimalmente, al menos sus políticas permitieron a una gran masa de Venezolanos adquirir una educación que nunca hubiesen podido adquirir y permitir así crear en el país un verdadero patrimonio de gente bien formada. Si comparamos con el legado de los últimos doce años de Hugo Chávez, vemos que la plata de Venezuela ha servido principalmente para sostener al régimen de Cuba, comparle armas a los Rusos y crear un sistema de dádivas a dedillo que garanticen la popularidad eterna de Hugo Chávez.
Como dije al principio del post: nunca voté por Carlos Andrés Pérez. La primera vez no tenía la edad y, además, consideré su mandato como la peor cosa que le había podido sueder al país en mi corta existencia. La segunda vez no estuve en Venezuela y, por el contrario, me llevé las manos a la cabeza pensando cómo diablos se le ocurría al país votar por una quimera. Sin embargo, cuando la gente lo demonizaba después del golpe del 1992 y la opinión pública lo crucificaba en medio del juicio político, escribí y debatí mil veces que estaban haciendo un error y, como Cassandra que me ha tocado ser en muchas oportunidades, el tiempo me daría la razón, sin que por ello obtenga ninguna satisfacción en saber que había estado en lo cierto.
Quizás haya sido la edad, o la lejanía, pero con los años, adquirí una visión benigna de aquel hombre que caminaba, saltaba charcos, imponía por decreto que los baños públicos estuviesen limpios, y que se pudiera ir al cine los Lunes a mitad de precio. CAP fue un hombre cuya vitalidad contagiosa influenció a toda mi generación. Nosotros, los que éramos adolescentes cuando llegó al poder, nos vimos, de una manera o de otra envueltos en el modernismo que CAP quería para Venezuela, sentimos nuestra chispa de orgullo el primero de Enero de 1976, leímos muchas veces las grandes pancartas que nos indicaban “Jóvenes al Sur” y adoptamos la creencia que la Ciencia y la Teconología lo hacía todo posible.
Los economistas dirán dónde falló. Yo, por mi parte puedo decir donde acertó: acertó en invertir en Venezuela y en llevarnos a creer que un gran país era posible.