Thursday, July 29, 2010

La pequeña historia de dos fotos y una playa







"Sometimes attaining the deepest familiarity with a question is our best substitute for actually having the answer."
Brian Greene
The Elegant Universe



Había decidido hacer un post sobre el circo de los restos de Bolívar cuando aparecieron las nuevas acusaciones de presencia de guerrilleros colombianos en territorio venezolano y Chávez decidió, una vez más, cortar relaciones. Me extrañaba que Colombia hubiese sacado esas informaciones sobre la guerrilla justamente ahora, a tan poco tiempo de las elecciones venezolanas y, al mismo tiempo, me impresionaba el alcance y el significado de las fotos, en el caso de ser auténticas.

La cotidianidad de las fotos, un hombre joven y una muchacha en la playa tomando cerveza en un magnífico día de sol, contrastaba con la grave acusación que hacía el embajador de Colombia en la OEA de que se trataba de una pareja de guerrilleros vacacionando en territorio venezolano.

-Lo que nos faltaba, turismo guerrillero, le dije a mi esposo.

El se rió de mi ocurrencia, se vino a mi portable y le echó un vistazo rápido a las fotos.

-¿Qué playa dicen que es? me preguntó.

-Colombia dice Chichiriviche, pero Chaderton dice que es Santa Marta.

Busqué después fotos de Santa Marta, y constaté que no se parecían a las de los sonrientes guerrilleros. A mi la foto me parecía cercana, cotidiana...

-Parece más bien Cata, me dijo.

Claro! Cata! Tenía que ser Cata! Cata es de las playas que conozco bien, de allí tenía que ser ese sentimiento de “dejà vu” que me producían las fotos ...pero me sorprendía la ausencia de gente ...Si, podía ser Cata, pero quizás vista desde la tranquila Catica, mostrando así la montaña que separa las dos playas y el edificio inmenso que clavaron en el medio de una de las más hermosas bahías venezolanas.

Podía ser Catica, pero entonces el muro detrás de la foto de la muchacha no se explicaba. Quizás no se sacaron las fotos en el mismo sitio, él en Catica y ella en Cata. Pero no parecía muy lógico.¿Porqué esperar hasta llegar al muro de la otra playa para sacarse la segunda foto?

La idea de Cata y Catica no me convencía y comencé a buscar como siempre hago desde que existe Google. Cata images, Catica youtube, Cata.. guerrilleros.. playa...entonces, por la magia de Google, apareció un comentario anónimo que indicaba que quizás la playa fuera Cata, y luego otro diciendo que parecía más bien Vargas cerca de Naiguatá.

Entonces me acordé de la carretera que lleva de Naiguatá a Camurí ¿Podía ser que fuese realmente la playa llegando a Camurí? Mientras más veía la foto, más me parecía que sí, que esa era la playa.

Si hubiese estado en Caracas, habría bajado yo misma a Naiguatá, a tomar unas fotos comparativas, pero a falta de medios, bueno es el blog.

Hice el post sobre lo extemporáneo de las declaraciones de Uribe en estos momentos donde también mencioné mis sospechas respecto a la identidad de la playa. Al leerlo, Miguel reconoció inmediatamente la playa indicada e hizo un post a su vez.

Un día después, uno de sus lectores que se encontraba justamente en Vargas al leer el post, le envió unas fotos tomadas del celular que demuestran que, efectivamente, la playa de las vacaciones guerrilleriles es Playa Los Ángeles, entre Naiguatá y Camurí en el estado Vargas (Las doble fotos arriba vienen del nuevo post de Miguel).

El misterio de cuál es la playa está resuelto, pero me quedan preguntas.

¿Cómo es posible que la imagen le hubiese podido pasar por alto a políticos, a la inteligencia colombiana y hasta a la CIA, cuando cualquiera que conozca el Litoral caraqueño puede darse cuenta que esa es la playa? ¿Porqué Hoyos indica que se trata de Chichiriviche? ¿Porqué el gobierno venezolano se apresura en decir que es Santa Marta, a sabiendas de que tarde o temprano se sabrá que es una playa del Litoral? Pero sobre todo,

¿Porqué los medios y los periodistas venezolanos que bien conocen las playas del Litoral caraqueño no sacaron reseña alguna sobre la identidad de la Playa ?

Quizás las respuestas a esas preguntas no sean razones sofisticadas ni complots rebuscados sino simplemente esa mezcla de realismo mágico con incompetencia en las que los Venezolanos y, por lo visto los Colombianos también, están acostumbrados a vivir. Sin embargo me queda otra pregunta a la que no he podido darle una respuesta convincente.

¿Porqué los guerrilleros turistas no se sacaron una foto juntos?

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PD. A mis lectores colombianos y otros no-venezolanos que visiten este post. Playa Los Ángeles queda en el estado Vargas, en lo que se llama "el Litoral" de Caracas, a 30-40 minutos de la ciudad. Se trata de una de las más concurridas playas públicas que queda, además, al lado de uno de los más selectos clubes privados del Litoral, del que muchos diplomaticos, ministros y hombres de negocio son o han sido socios. Razón de más para asombrarse de que la identificación haya corrido por la cuenta de blogs, y no por ningún canal oficial, ni de un lado ni del otro de la historia.


Monday, July 26, 2010

Huesos patrios y turismo guerrillero.



Arriba, exhumación de los restos de Bolívar ordenada por el presidente Chávez. Más abajo, dos fotos de playa que según el gobierno colombiano son de Carlos Marín Guarín "alias Pablito" y de su compañera en lo que el gobierno de Venezuela dice es Santa Marta, el de Colombia Chichiriviche y esta servidora piensa que sea Playa Los Angeles, Estado Vargas, Venezuela.
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Uribe es probablemente el mejor amigo de Chávez en estos momentos. Con una economía palo abajo y el escándalo de PDVAL a poco más de dos meses de las elecciones parlamentarias, el Presidente colombiano le ha dado a Chávez la excusa perfecta para no tener que desenterrar a Bolívar de nuevo ni presentarnos los huesos reiteradamente a las dos de la mañana en cadena nacional.


Gracias a Uribe, Chávez puede desmantelar el circo necrológico que tenía montado para volcarse de lleno en su pasatiempo favorito que es atacar a Colombia y al Imperio y decir que hay complots para matarlo.

Habrá, también, algún propietario contento de que Uribe haya logrado que Chávez se entretuviera con otra cosa que no sea una propiedad para expropiar o un ente para intervenir. Los propietarios de cualquier cosa en Venezuela se han convertido en rehenes de un gobierno que decide aleatoriamente cada semana a quien le van a quitar lo que tiene para distraer al público.

El circo, como ha pasado a menudo en estos últimos once años, viene de pruebas de la presencia de campamentos de las FARC en territorio Venezolano. El gobierno colombiano envía las coordenadas exactas donde se dice que está el campamento y el venezolano, en vez de darle las gracias e ir a ver si realmente están los ahí los terroristas, se rasga las vestiduras, corta relaciones diplomáticas y dice que tiene que defender su honor. De inmediato se activa el harén de Chávez para apoyarlo en su decisión: todas las señoras representantes de los poderes supuestamente independientes, se apresuraron a dar su opinón sin que a nadie se le ocurriera averiguar si los guerrilleros están realmente allí donde Uribe dice.

Del lado de Uribe hay que decir que las fotos del gobierno colombiano son particulares. Se trata de unos guerrilleros vacacionando en la playa, que unos dicen Chichiriviche, otros Santa Marta y que a mi me parece Playa Los Ángeles, al lado de Camurí Grande en el Estado Vargas. En cualquier país del mundo, sería muy fácil saber cuál es realmente la playa: los órganos de seguridad del estado, los periodistas o representantes políticos irían a los sitios indicados y tomarían tomas de cada lugar para contrastar con las fotos. Pero en Venezuela, y por lo visto en Colombia, las cosas no funcionan nunca como deberían y nadie, ni gobierno, ni oposición, ni periodistas, ha ido a averiguar nada.

Pero lo que se me hace más gracioso de toda esta historia es que haya guerrilleros que se vayan de vacaciones, ya sea en costas Colombianas o en las Venezolanas. Será cochina envidia, ya que yo tengo muchos años que no me voy de vacaciones a una playa, pero el hecho es que no entiendo como una pareja de la FARC pueda tener acceso tan fácilmente a las costas de nuestros paises, sin que ninguno de los dos gobiernos le ponga trabas al respecto...

Leyendo las noticias, me entero que Chávez sacó una carta de alguien que, desde el Norte, le viene indicando los repetidos complots contra su vida desde hace algunos años. El Presidente indica entonces que no puede viajar a Cuba porque su vida peligra y hay posibilidad de ataque contra Venezuela. Mi primera observación es que si su vida peligra, el sitio donde estará mejor protegido es justamente.. Cuba! ¿Cómo no se va?

Finalmente, termino mi post con la misma idea como lo comencé. Yo no creo que sea mentira que las FARCs estén en Venezuela, todo indica que es cierto. Lo que no entiendo es el “timing”.

¿Porqué Uribe le da ese regalo Chávez justo en estos momentos?

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Próximo post.



Wednesday, July 21, 2010

Undine Spragg, la anti-heroina

Acabo de leer una novela fascinante, "the Custom of the Country", de Edith Wharton. Es fascinante no porque la trama sea particularmente complicada ni interesante, sino porque a pesar de lo abominable del personaje principal, el libro tiene una fuerza y una energía propia.

Si la gran heroina de la literatura anglófona clásica es ese personaje lleno de virtudes que es Elizabeth Bennett, Undine Spragg debería tener el título de gran anti-heroina. Undine es egocéntrica, egoista, envidiosa, poco culta, amoral, mala hija, mala madre y mala esposa. Pero Undine posee dos características que la hacen irresistible: una gran belleza y una gran ambición de figurar.

La novela nos lleva por las entrañas de Wall Street y de la alta sociedad de Nueva York y París de principios del siglo XX donde Undine hace todo lo posible por ser la reina absoluta, llevándose a quien sea por delante, con una ambición avasalladora que nunca se apaga.

Una novela con una fuerza extraordinaria que muestra con maestría única la psicología de los personajes y un ambiente de principios de siglo, donde reinan las convenciones rígidas zazonadas con la elasticidad de la plata.

Al finalizar la lectura y queriendo compartir mi entusiasmo por la novela, me topé con un blog literario en inglés en el que cada quien le da una interpretación diferente a la historia y se indica que "Custom of the Country" es muy diferente de las otras novelas de Wharton. Alguien, en los comentarios, sugirió que Undine Spragg posee el peor nombre que nunca le hayan puesto a heroina alguna y otra persona indicó que probablemente se trataba de una crítica velada de la autora a sus compatriotas, dadas las iniciales del nombre.

En cualquier caso, a pesar de la repulsión instintiva que se siente por las características de Undine, al final uno se ve arrastrado y asombrado por la fuerza del personaje.

Definitivamente fue un hallazgo especial, que recomiendo a aquellos que leen clásicos en Inglés.

Saturday, July 17, 2010

Elección de jueces

Ayer, Roberto Smith sugirió en twitter que había que tener jueces electos. Inmediatamente le respondí que no era una buena idea, y a eso se sucedió una serie de twitts el a favor y yo en contra.

¿Pero porqué es tan mala idea el que el pueblo elija a sus jueces?

En el fondo, estaríamos ensanchando la democracia, ¿No?

Pues no. Ese argumento es de hecho muy parecido al que tenían aquellos que se pronunciaban jurídicamente a favor de la Enmienda cuando indicaban que quitarle los límites a los períodos presidenciales era hacer el sistema más democrático.

En aquel entonces, me pronuncié vehementemente en contra y, de la misma manera, me pronuncio en contra en este caso por las siguientes razones.

La primera es porque hay un claro conflicto de interés: aquellos que eventualmente podrán ser juzgados no deberían tener poder sobre la nominación de aquellos que los juzgarán. La base de un sistema realmente democrático es la transparencia, la cual implica, entre otras cosas, la minimización de los conflictos de interés.

La segunda es porque una elección implica publicidad y medios económicos. Imagínense entonces grupos de interés, públicos o privados, contribuyendo a las campañas de los candidatos jueces para asegurarse que más tarde, sentenciarán de la manera más conveniente.

La tercera es que la opinión popular no es siempre buena consejera cuando lo que se quiere es un mejoramiento de la instituciones democráticas.

Por ejemplo, tras un crimen particularmente virulento, la opinión pública tiende a tomar una actitud de linchamiento, pidiendo cárcel más rápida y penas más severas para los culpables cuando, a largo plazo, la mejor solución pueda ser no endurecer las penas. Así, en un sistema de elección de jueces, el candidato a juez podría jugar la carta del populismo y hacerse elegir con promesas que le caigan bien a todo el mundo en el momento de la elección.

Además, con los jueces como con los médicos. ¿Quién ha dicho que el mejor sea el más carismático?

Entonces, me dirán ¿Qué hacemos? ¿Cuál es el mejor sistema para elegir a los jueces y garantizar competencia, probidad y equidad en la aplicación de la justicia?

Mi respuesta es que el mejor sistema es el más transparente. Yo propongo por ejemplo un sistema mixto de concursos de requisitos, pesquisa personal, exámenes, presentación y entrevista pública que lleven a puestos muy bien pagados y permanentes.

Los jueces deben ser muy bien pagados y permanentes para que los mejores candidatos tengan interés en hacer una carrera judicial y para impedir que las restricciones monetarias o de ratificación de cargo puedan incitar a la corrupción.


El concurso de requisitos sería para asegurarse que el juez tiene los estudios requeridos para el cargo. La pesquisa personal es para garantizar que elcandidato a juez tiene una hoja de vida perfectamente diáfana y que, además,no pertenece ni ha pertenecido a ningún partido político. El examen, escrito, servirá para asegurarse que el candidato posee los conocimientos especializados que se requieren para el cargo. La presentación permitirá a cada juez explicar públicamente cuáles son los retos del cargo al que piensa acceder y cómo pretende solucionarlos. Finalmente, en los casos de jueces superiores y magistrados, habrán entrevistas públicas con la posibilidad de repreguntas.

Todo eso, por supuesto, a la luz de todo el mundo.

No es un sistema perfecto, nunca lo será, pero, a mi manera de ver, puede ser mucho mejor a largo plazo que un sistema de elección directa de los jueces.



Monday, July 12, 2010

Amores Correspondidos 3

Capítulo anterior

Rubén le había dado cita al mediodía, dos días después, en el restaurant debajo de su bufete, que quedaba en un lujoso edificio de Altamira. Rubén era exactamente la antítesis de Alberto: había nacido en Altamira, crecido en Altamira y aún seguía viviendo en Altamira. La única vez que parecía haber salido de las diez transversales fue justamente cuando su familia se mudó de país.

Rubén era rubio, alto y de hermosos ojos pardos. Lo reconoció en el acto desde que entró al restaurant entre resonados qué hubos, abrazos masculinos y fuertes estrechadas de manos.

Anaís había llegado temprano como siempre hacía para poder preparse a un encuentro. El restaurant estaba de moda. Era un espacio amplio y frío, decorado en estilo japonés, a pesar de la música que nada tenía que ver con acordes orientales. En ese momento, sonaba en sordina “Mas que nada”, de Sergio Mendes. El mediodía caraqueño pululaba de abogados y hombres y mujeres de negocios, todos en trajes bien cortados desplegando plata, convicción y seguridad. Los meseros, impecablemente vestidos en unos smoking blancos, circulaban de una mesa a la otra para entregar uno que otro trago, discutir del plato del día, o indagar si sus servicios eran requeridos.

Rubén dirigió por fin la mirada hacia el bar, donde Anaís le había dicho que lo esperaría e inmediatamente le brindó una sonrisa de reconocimiento.

Se le acercó, le tendió la mano y cuando ella se la entregó, la atrajo hacia sí y le besó una mejilla, como si fueran viejos amigos.

-Gusto en verte.- le dijo.

Luego se sentó a su lado, pidió dos vasos de whisky al mesero, sin preguntarle si esa era su escogencia, y comenzó a hablar.

Para su sorpresa, Anaís, que hasta ese momento había pensado que la historia de las cartas era como un algorithmo del que no podía salirse y que pensaba que esta vez también sentiría la misma atracción que hacia sus viejos amigos y nuevos amantes, se quedó sorprendida al darse cuenta que Rubén no le procuraba ninguna atracción particular sino que era como una cascarilla vacía que no llegaba a tocar ninguna fibra sensible de su cerebro.

Se sucedieron los platos, los vinos, las charlas. Y, ya entre el postre y el café, negro y dulce como, extrañamanete, el sabía que le gustaba, Rubén le hizo la proposición que dejó a Anaís pálida de incredulidad.

Anaís se paró de seco, agarró la fina cartera de cuero que había dejado colgada de la silla y se despidió con una sola frase:

-Creo que te equivocaste de objetivo.

Rubén echó la cabeza atrás y respondió con una sonrisa:

-Ya veremos.


Friday, July 09, 2010

Cambio en los comentarios del blog

He utilizado Haloscan casi desde el inicio del blog. Recientemente, sin embargo, Haloscan se convirtió en "Echo" un servicio con upgrade pago.

Como no recibo muchos comentarios, no había tenido ningún problema con Echo hasta que alguien dejó unos y luego me pidió que los borrara. Pues a pesar de que podía editar el comentario, no pude borrarlo ya que debía poder hacer un update pago con Echo para poder hacerlo.

He decidido entonces usar el sistema de comentario nativo de blogger.

Veremos como nos va...

Saturday, July 03, 2010

Amores Correspondidos 2

Capítulo Anterior

Había decidido aceptar el contacto renovado con Didier. Le había enviado un correo electrónico para indicarle que lo iría a buscar al Aeropuerto.

Didier apareció en un magnífico traje de lino verde oliva y la fina camisa de algodón blanca que siempre llevaba arremangada. Había envejecido, pero aún tenía los incisivos ojos verdes que se le iluminaban cuando la veía y el mechón de pelo, ahora canoso, que le caía juguetonamente a un lado de la cara. Le sonrío al verla y se apresuró en darle un beso en cada mejilla, como hacen los franceses.

-¿Cómo has estado? –le preguntó como si nada hubiese pasado y no la viera en un semana, mientras dejaba caer el brazo casual sobre el hombro de ella.

-Bien, muy bien- decía ella liberándose discretamente del abrazo, y tratando de olvidar la carga emocional que había tenido lugar entre ellos hacía diez años.

Al salir del recinto acondicionado del aeropuerto y dirigirse hacia el estacionamiento, el aire caliente y húmedo de Maiquetía se les vino encima, como para despertarlos de un largo letargo: independientemente de quién fuera ni de dónde viniera, el sopor marino le recordaba a todo viajero que había llegado al trópico.

Mientras emprendía la subida por la autopista al son del cambio de velocidades de su escarabajo crema, Didier le iba explicando cómo su vida había cambiado desde la última vez que se vieron, cómo se había separado de Lina y cómo había dejado la investigación para encargarse de un puesto administrativo de gran prestigio. También le pidió excusas y le explicó cómo élla le había hecho falta. Y así, entre una frase y otra, y entre un tunel y otro, la mano de Didier fue subiendo del cambio de velocidades a la falda, explorando luego el contorno interior del muslo sudado y pegajoso de Anaís, antes de que ella, titubeante, pudiera hacer nada para evitarlo.

Una hora más tarde, mientras el botones se encargaba de bajar las maletas del carro y llevarlas al lobby del hotel, Didier la tomó por los hombros y mirándola fijamente afirmó de nuevo.

-Anaís, si quieres, quiero.

Esta vez, contra toda expectativa que ella hubiese tenido de sí misma, Anaís quiso.

Eso no se lo contó a Cándida, pero la vieja nana era adivina y la miró con esos ojos pícaros que lo entienden todo, mientras las cumbias, las gaitas y el calor de media tarde se apoderaban del resto de la historia.


Anaís salió del hotel antes de que Didier se despertara. En ruta hacia su escarabajo, pulsó en su celular el primer número de teléfono que había tenido cuidado de introducir la tarde anterior. Se dirigió a la Cota Mil en dirección hacia el Centro de Caracas. Tomó la salida de San Bernardino, y consultando su memoria llegó a un edificio viejo y grande, escondido en la espesa sombra de enormes Samanes que colindaba con el final de la Avenida Urdaneta, le costó un cierto tiempo conseguir dónde estacionarse, al final, un mendigo le indicó que había puesto en frente en la próxima cuadra.

Alberto Urdaneta vivía en el cuarto piso. No había intercomunicador, pero Anaís logró entrar después de que Alberto se asomara al balcón y le tirara las llaves del portón. No había tampoco ascensor pero las escaleras de un granito gris verdoso eran amplísimas, con hermosos pasamanos redondeados y apenas unos pocos centímetros entre un escalón y otro. El centro de la escalera estaba iluminado por una magnífica luz natural que venía probablemente de una claraboya de lo alto del techo. Anaís fue subiendo poco a poco los bajos escalones maravillándose de la estupenda arquitectura que presentaba ese viejo edificio de una Caracas perdida en los años cincuenta. Al llegar al cuarto piso, Alberto la adivinó antes de que tocara la puerta y la hizo entrar a un gran estudio con techo de tres metros y medio, enormes lienzos esporádicos, muchos instrumentos de música desplegados aquí y allá y un taburete alto, incongruente, donde la invitó a sentarse antes de servirle un café oscuro y azucarado, como a ella le gustaba, que le había comenzado a preparar desde que la vió pasar la calle desde el amplio balcón de la sala.

-No has cambiado.- le dijo Alberto como bienvenida

-Tu tampoco.- Confesó Anaís.

Rieron gozándose la emoción del reencuentro y se contaron la vida. Parecían los dos adolescentes que recién se habían conocido hacía veinte años. Alberto le dijo que nunca había entendido porqué Anaís había querido desaparecer

-Me sentía de más.- respondió ella.

Alberto le indicó entonces a Anaís que explorara sus lienzos.

Había desarrollado un estilo único entre el impresionismo y la caricatura. Muy pronto Anaís se dió cuenta de que se reencontraba a si misma: Anaís joven, Anaís niña, Anaís madre, Anaís vieja. Alberto la dejaba explorar y pensar lo que quisiera para luego asentir suavemente a la pregunta tácita que Anaís le hacía con los ojos. Y entonces Anaís le preguntó porqué el la había dejado ir sin más ni más y sin hacer preguntas.

-No se, quizás estaba encandilado con María.

Cándida seguía con atención la historia. Sonrió y asintió brevemente, como todo aquel que presupone los detalles y luego hizo un gesto con la cabeza para incitar a Anaís a que siguiera echando el cuento.