No sabía que le habían cambiado el nombre al Estado Vargas. Desde que llegaron al poder, los chavistas han tenido un apetito particular por cambiar las cosas: la bandera, la foto de Bolívar, el escudo. Pero el mayor apetito ha sido el de cambiar nombres. Es una cosa que generalmente hacen los revisionistas históricos, en particular las revoluciones ineptas que quieren demostrar, con cambios fáciles, que el país de alguna manera avanza hacia un rápido destino revolucionario.
Sin embargo, el caso del Estado Vargas es particular, ya que el estado mismo fue creado al principio de la era chavista. ¿Por qué, entonces, los mismos chavistas le cambian el nombre 20 años después? No conozco la respuesta, pero tengo una sospecha: el nombre de Vargas está asociado con el deslave del 15 de diciembre de 1999, que causó la primera gran tragedia humana del régimen chavista. En aquel entonces, a pesar de las numerosas llamadas de la Defensa Civil para declarar el estado de emergencia e iniciar evacuaciones, Chávez no lo hizo. De hecho, el interés de Chávez era llevar a cabo su referendo para poder cambiar la Constitución, cambio que le permitiría la reelección y, eventualmente, la reelección indefinida. Aquí tienen el post que hice al respecto en 2017.
Casi 27 años han pasado desde aquella espantosa catástrofe que enlutó a Venezuela y en la cual el gobierno dio muestra de un gran cinismo, de una gran incapacidad, de una gran falta de previsión, de seriedad y de humanidad, ya que fue una catástrofe anunciada. Casi veintisiete años después, de nada sirve haberle cambiado el nombre al Estado: todos seguimos recordando la negligencia criminal que significó el deslave de Vargas.
Y así llegamos al fatídico 24 de junio de 2026. Día de San Juan. Día en el que los tambores de las múltiples comunidades de la costa del mismo estado anunciaban fiesta, colores, algarabía. Pero a las 6:04 de la tarde el mundo se les vino encima. Al Estado La Guaira y a todos los venezolanos de adentro y de afuera. Nunca una magnitud tan grande había sido sentida en un terremoto de tiempos modernos en Venezuela. Nunca se habían dado dos temblores consecutivos en los que el segundo fuese más fuerte que el primero y, como un castillo de naipes, la esperanza de que Venezuela saliera finalmente de 27 años de íncubo se nos vino al suelo con las toneladas de cemento de cientos de residencias.
A diferencia de 1999, hoy en día existen las redes sociales. Fue así como el mundo entero pudo ver los casos desgarradores de familias que rogaban que les mandaran ayuda para rescatar a seres queridos atrapados bajo los escombros. Los gringos van a llegar. Los españoles ya van a llegar. Los suizos. Los salvadoreños. Los italianos... Pero en la inmensa soledad asoleada de cúmulos de escombros de lo que fueron magníficas urbanizaciones de mar, sólo se veían familias, amigos, vecinos que con sus manos trataban inútilmente de escarbar para tratar de liberar a los suyos.
Siguiendo las redes de manera exhaustiva, no vi durante dos días un solo policía, un solo soldado que ayudara. No vi máquinas, taladros, grúas. No vi Estado que diera instrucciones y que organizara la búsqueda. En un país donde para ir de cualquier punto A a cualquier punto B hay que pasar por montones de alcabalas militares, donde el ejército tiene 2.000 generales, donde cada vez que una protesta sale a la calle se enfrenta a una Guardia Nacional bien equipada para la represión, donde civiles son dotados de armas para formar la milicia o los colectivos, en ese mismo país no había ningún representante del Estado para ayudar en las labores de rescate. No había ningún ministro que diera instrucciones, salvo Diosdado Cabello, ministro del Interior, que se limitó a indicarle a la gente que no regresara a sus casas la noche del temblor. No fue sino dos días después de los terremotos cuando Delcy Rodríguez desplegó al ejército y Diosdado Cabello salió a sacarse un video frente a una mega grúa, nuevecita, rodeado de los mudos ministros del gobierno.
Fue entonces cuando la rabia de 27 años me vino a tocar las tripas. Por más que el fenómeno natural fuese extraordinario, no hay razón para tanta incapacidad y negligencia. Venezuela, con Maduro o sin Maduro, es gobernada por un clan de bandidos cínicos e incapaces para los cuales la noción de Estado es inexistente. Este punto es difícil de entender para aquellos que viven en otros países. En Venezuela no existe gobierno. Existe un clan de pranes que quiere quedarse en el poder a toda costa y que lo ha logrado por 27 años.
Ah, me dirán, pero por fin Delcy desplegó a los militares. Sí, para crear controles, impedir que el trabajo que ellos no saben hacer sea hecho por otros, para tapar el sol con un dedo coartando la libertad de la prensa y, como siempre, amenazando con el Sebin a todo el que quiera interponerse.
Delcy, Diosdado, Jorge, es inútil cambiarle de nuevo el nombre al Estado. Vargas o La Guaira, el bravo pueblo venezolano siempre recordará.
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