Friday, July 06, 2012

Enrique Pérez Olivares






Era mi tío. No porque nos unieran los genes ni la consanguinidad, sino algo mucho más fuerte: el cariño. 

Desde que tuve uso de razón, lo adopté como tío. Al principio, era su carisma tranquilo lo que me daba una felicidad particular cuando sabía que vendría a la casa, o que iríamos a su agradable casa de Prados del Este. Me encantaba el muro de piedras de río, los muebles modernos y los objetos especiales que le daban un viso de museo acogedor, pero más que todo, me gustaba quedarme allí, oyendo hablar a Enrique.  Luego, con el pasar de los años, comencé a apreciar no sólo el carisma, sino su filosofía, su bondad y su lucidez. 

Las reseñas que puedo encontrar por Google, lo definen como un dirigente político socialcristiano que ocupó muchas posiciones importantes en la administración pública: fue gobernador de Caracas, Ministro de Educación y Ministro de Información y Turismo. Si yo no lo hubiese conocido, pensaría que se trataba simplemente de un personaje político más. En la Venezuela del caudillismo y el personalismo, los políticos son buenos o malos, pero casi siempre utilizan la política para la promoción personal y la obtención de poder.

Enrique era todo lo contrario: era un hombre discreto que dedicó su vida a entender, construir, educar. No buscaba promociones, ni gloria, ni poder, sino que usaba la política como un medio para poder construir.


Habría sido un magnífico Presidente. Pero en el país que eligió varias veces a Caldera, a Chávez y a Carlos Andrés Pérez, un hombre así, un político así, no tenía ningún chance. 


Tenía muchos años sin verlo y muchos años sin ir a Venezuela cuando, en una de mis últimas visitas, Enrique se enteró que me quedaría unos días. Me llamó de primero para pedirme que le reservara un almuerzo. Vino a buscarme él mismo en lo que me pareció el escarabajo beige que tuvo toda la vida y me llevó a su casa, la misma de mi infancia, la del muro de piedras de río y hermosa colección de arte, convertida en un oasis de paz en la ahora muy transitada avenida. Allí, Marta, su esposa, me tenía preparado un almuerzo criollo. 


Fue el mejor almuerzo de mi viaje y uno de los mejores de toda la vida. Fue también la última vez que lo vi. 

Recibe un beso póstumo, querido tío putativo. 

Gracias por los recuerdos.








2 comments:

Eduardo Halvorssen said...

Hola Bruni... Soy nuevo en la lectura de tu blog... acabo de leer lo que escribiste sobre tu Tio Enrique Perez Olivares y me fascino leer como lo humanizas... Leyendo tu texto me recordo mucho todo lo que se escribio sobre mi propio abuelo, Eduardo Mendoza Goiticoa, quien llevo una vida familiar y politica parecida a la de tu tio. Mi abuelo, fue el Ministro mas joven que ha tenido Venezuela (Agricultura y Cria) y siempre ha sido de mucho interes leer y oir las cosas increibles que dicen sus muchos contemporaneos, amigos y conocidos de el. Te felicito por tener esos recuerdos de tu tio y espero que su memoria viva en ti por siempre.

Bruni said...

Gracias por la visita.

Escribe tú los recuerdos de tu abuelo.

Saludos.